Realismo mágico

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Realismo mágico

            Género de ficción cultivado principalmente por los novelistas iberoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX. El término fue acuñado al parecer por el novelista cubano Alejo Carpentier al formular la siguiente pregunta: ‘¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real?’. Lo hizo en el prólogo a su novela El reino de este mundo, publicada en 1949. Posteriormente Alistair Reid lo introdujo en el vocabulario de la crítica. El venezolano Arturo Uslar Pietri empleó exactamente el término ‘realismo mágico’ en 1948, aplicado a la literatura hispanoamericana. El realismo mágico, como gran parte de la literatura de la segunda mitad de siglo, es esencialmente ecléctico. Funde la realidad narrativa con elementos fantásticos y fabulosos, no tanto para reconciliarlos como para exagerar su aparente discordancia. El reto que esto supone para la noción común de la ‘realidad’ lleva implícito un cuestionamiento de la ‘verdad’ que a su vez puede socavar de manera deliberada el texto y las palabras, y en ocasiones la autoridad de la propia novela.

Estas tendencias se encuentran ya presentes en primeros novelistas, seminovelistas y antinovelistas como François Rabelais y Laurence Sterne; otros precedentes más inmediatos pueden ser las novelas de Vladimir Nabokov Pálido fuego (1962) y El tambor de hojalata (1959) de Günter Grass. Pero el realismo mágico floreció con esplendor en la literatura latinoamericana de 1960 y 1970, a raíz de las discrepancias surgidas entre cultura de la tecnología y cultura de la superstición, y en un momento en que el auge de las dictaduras políticas convirtió la palabra en una herramienta infinitamente preciada y manipulable. Al margen del propio Carpentier, que cultivó el realismo mágico en novelas como Los pasos perdidos, los principales autores del género son Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y, sobre todo, Gabriel García Márquez. Las novelas de este último, Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975) y Crónica de una muerte anunciada (1981) siguen siendo las cumbres del género.

Fuera del continente americano el realismo mágico ha influido notablemente en la obra del italiano Italo Calvino y del checo Milan Kundera. La tradición inglesa ha tardado más en asimilar el impacto del género, y sin duda no es casual que se deje sentir con mayor intensidad en las novelas de Salman Rushdie Hijos de la medianoche (1981) y Los versos satánicos (1988).

Bibliografía

Barroso VIII, Juan. El realismo mágico y lo real maravilloso en “El reino de este mundo” y “El siglo de las luces”. Miami: Ediciones Universal, 1977

Bautista Gutiérrez, Gloria. Realismo mágico, cosmos latinoamericano. Teoría y práctica. Bogotá: Editorial América Latina, 1991.

Sánchez Ferrer, José Luis. El realismo mágico en la novela hispanoamericana. Madrid: Editorial Anaya, 1990.

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Show de Truman

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El impacto de los Reality Shows en la sociedad

Cuando la palidez de nuestra vida es sacada a la luz…

El Concepto de los “Reality Shows” es relativamente nuevo, y consiste en su mayoría en programas televisivos que carecen de un guión, es decir, las personas involucradas en el programa no actúan conforme a los acontecimientos que van ocurriendo.

Sin embargo este tipo de programas, aunque no tienen un guión como tal, tienen una estructura planeada para dirigir el curso de la trama y obtener resultados deseados.

En el filme “El Show de Truman” los directores planeaban los acontecimientos conforme a los hechos que acontecían a las acciones de nuestro protagonista; así, podían obtener risas del público, o dramas que sacaban a la luz los sentimientos de los observadores (El reencuentro de Truman con su padre, etc.)

Los “Reality Shows” tienen la peculiaridad de descubrir las emociones de los participantes, en este sentido es válido pensar que esas emociones son verdaderas, sin embargo, son condicionadas de tal manera que se encaminan conforme lo quieren los directores del “evento” y el propio público. Existe una retroalimentación del sistema comunicativo, ya que se vuelve una interactividad al hacer partícipe al público con métodos como las “votaciones”, en las cuales la audiencia puede hacer valer sus opiniones o preferencias al votar por cosas como “la expulsión de un integrante”, o “el ganador del reality”, etc.

Todo esto antes mencionado es un gran factor para saber por qué este tipo de programas tienen en su mayoría un “rating” (nivel de audiencia) muy elevado.

El poder de la fama

Los integrantes de un “reality”, generalmente obtienen una fama inmediata, y son extremadamente conocidos, obteniendo así grandes beneficios, como ser contratados por el medio de la farándula para algún capítulo de un programa, o ser llamados para actuar en comerciales.Sin embargo esa fama es demasiado perecedera, ya que, al terminar el “boom” del programa, el público se olvida de ellos, y vuelven a ser personas comunes.

Pero, ¿qué pasaría si no sabes que eres el integrante de un Reality Show?

El filme “El show de Truman” plantea esa posibilidad, encarnándola en este personaje, el cual tenía una vida fácil y monótona, sin saber que era el protagonista de su propio show, ni que su vida la conocían “todos”, y mucho menos, que su vida era una total mentira.

El saber que eres observado se vuelve un poco paranoia en la medida que esto influye en las acciones de todos los que te rodean. Sin embargo, y hablo por mí, creo que todos nosotros queremos que el mundo nos conozca, queremos que las personas que nos rodean sepan que ahí estamos, que no somos uno más, que tenemos algo que aportar.

Gracias

Análisis de “El Laberinto del Fauno”

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Es algo complicado iniciar el análisis de una película tan extraña y fascinante como ésta sin mencionar o profundizar en un nivel narrativo como técnico y de producción, así como el contexto en el que se rodea el director de este filme.

            La propuesta de su director mexicano Guillermo del Toro es una llamada de atención, una película-reto que aspira a estimular el bolsillo de productores y la imaginación de guionistas y realizadores para lograr una unión que explore las posibilidades de un universo diferente, pero no por ello menor, que ha sido escasamente visitado en nuestra cinematografía: el género fantástico.

         Esta película enlaza con naturalidad una dualidad existencial que hace coexistir dos mundos, dos planos dimensionales, sin provocar en ningún momento sensación de extrañamiento en el espectador, logrando absorberle en una vorágine de empatía, provocada no sólo por el hipnótico efecto de sus personajes sino también por la inevitable fascinación de los sentidos, en una fusión casi carnal con la belleza de los planos.

            La narración tiene lugar en la posguerra en España, centrada en el enfrentamiento entre un militar franquista y sus némesis, los maquis, refugiados en los mágicos bosques de un indeterminado lugar del norte. Bosques que también acogen a un sinnúmero de criaturas invisibles para el ojo humano simple, criaturas salidas de los sueños y los cuentos, protagonistas de esa otra cara de la película que, aunque parece darle sentido y caracterizarla, acaba por resultar una circunstancia más, una cualidad que no resta ni desvía un ápice de atención de la línea principal de su argumento. Es esa capacidad de engarzar a la perfección dos películas en una, dos naturalezas complejas en simbiosis única, lo que convierte esta obra en una película orgánica, una criatura que destila rasgos autorales en cada plano, en cada línea de diálogo. Porque, por encima de todo, identificamos siempre el ánima de su responsable, el cariño que rebosa hacia sus protagonistas, la atención que pone a esos detalles que sólo se descubren con un segundo visionado.
         Guillermo Del Toro se caracteriza por imprimir una estética y ambientación espectaculares a sus películas, creando ambientes tétricos y agobiantes o situaciones mágicas y fantásticas. Su estilo está marcado por su gusto por la biología y por la escuela de arte simbolista, su fascinación por el mundo fantástico desde el punto de vista de los cuentos de hadas y su gusto por los temas oscuros. Sus trabajos incluyen frecuentemente monstruos o seres fantásticos. Del Toro siempre ha afirmado estar enamorado de los monstruos. También tiene una lista de otras cosas que le fascinan y que se han convertido en piezas habituales de sus películas: insectos, maquinarias, relojerías, etc.

Los personajes

            El capitán Vidal encarna a la perfección el lado maligno (y asusta su monstruosidad humana mucho más que el resto de seres que pueblan la historia), y además no tiene ninguna duda en utilizar malas artes, procedimientos crueles para llevar a cabo torturas brutales para alcanzar su empeño (como la secuencia en la que desfigura a un cazador de liebres con una botella). Una mirada con ese brillo que los mejores villanos del cine tienen y una capacidad de castigo (incluso con su familia) es infinita. Su arrogancia y orgullo militar terminan de conformar a este personaje del que no es fácil desprenderse tras terminar de ver la película.

            Ofelia, la niña, personifica al bien de los cuentos, a la persona pura e inocente que merece una singular atención durante la historia, dicho de otro modo, se vuelve el personaje principal.

            La madre de Ofelia, Carmen personifica al bien que sufre, a la esperanza puesta en sobrevivir al parto de su bebé. Al estar del lado de los buenos, el espectador siente una solidaridad con la madre, haciéndose partícipe de sus pesares.

            La criada y el doctor dan vida a los mártires de la película, aquellos que arriesgan su vida por el bien.